Skip to content

Felipe Ehrenberg

16/10/2009

(texto a respeito de sua apresentação/palestra no Seminário)

 

Give me your answer, fill in a form,

mine for evermore.

Will you still need me?

Will you still feed me?

When I’m sixty-four?

 

Dame tu respuesta. Llena el formulario,

mía por siempre.

¿Aún me necesitarás?

¿Aún me alimentarás,

cuando tenga sesenta y cuatro años?

 

 

Creo recordar que hice mi primer libro a los 8 o 9 años de edad. Era un cuidadoso estudio de pechos de mujer, disfrazados de trompas de perritos para que mis padres no se dieran cuenta de lo que me fascinaba a esa edad.

 Mi siguiente libro fue un ‘flip-book’ de un pene que se paraba. Disfracé el pene como un gallito (el famoso “gallito inglés” que grafitábamos los mexicanos en los baños antes de que se inventara el marcador o los botes de aerosol)

 Luego fui un aprendiz infantil en la imprenta Aldina, propiedad de unos empresarios anarco sindicalistas catalanes. Aprendí todo el proceso de la imprenta, de la A a la Zeta, y descubrí por qué les decimos ‘altas’ y ‘bajas’ a las letras.

 Luego el azar me llevó a colaborar con Margaret Randall y Sergio Mondragón, que publicaron su legendaria revista panamericana, El Corno Emplumado, (31 números del ’62 al ’69). Con ellos aprendí a ser editor.

 Luego, formé parte de un grupo clandestino que publicaba con mimeógrafo las noticias del alzamiento estudiantil mexicano que terminó en La Masacre de Tlatelolco (’68) y exiliado en Inglaterra, me compré mi primer mimeógrafo y a partir de mis 2 archi super primeros ‘libros de artista’ (el Minimimeo Portafolio y el Vanishing Rubbish Pile) no paré de producir, a veces de manera frenética, a veces dejando pasar larguísimos intervalos de tiempo. Fue cuando Martha Hellión y yo fundamos la Beau Geste Press // Libro Acción Libre (BGP/LAL).

 Luego le dedique casi una década de mi vida compartiendo mis conocimientos editoriales y de libros hechos con mimeógrafo a lo largo y ancho de México. Los consecuencias fueron insólitas.

Los libros de artistas que produje y que hice con amigos y colegas fueron siempre consecuencia de una actitud: queríamos compartir nuestras ideas sin censura o trabas, y buscábamos sin excepción llegar a las manos de la gente de manera directa, con el menor número posible de intermediarios. Algunos creábamos nuestros libros con materiales nobles y técnicas antiguas, otros los hacíamos con soportes reciclados y con herramientas de punta. En todo caso, nuestros libros eran producto directo de nuestras manos. Era eso lo que les imprimía un sello tan especial. Haciéndolos uno mismo, no están sujetos a los criterios de un editor, no son sometidos a los gustos de este o aquel diseñador, no los producen impresores anónimos, no dependen de las políticas de distribución del mercado de libros. Ni siquiera del mercado de arte…

 Lo más importante, cada libro es una señal abierta y directa; feo o bonito, bien o mal hecho, cada libro surge del corazón y del cerebro de su creador, cada ejemplar pasa por sus manos y es elaborado, compaginado, empastado con las herramientas que se tiene a la mano; se podría decir que cada copia es única, es capaz de llegar a las manos de lectores individuales para cumplir su función poético-cinética: la experiencia personal, el diálogo entre dos.

 Hoy resurge el libro de artista. Son tiempos diferentes, ni peores ni mejores. Contamos con computadores (desk top Publishing) y la llamada autoedición es casi lugar común.

 En el hemisferio norte y angloparlante, el libro de artista entró a formar parte del plan de estudios de prácticamente todas las escuelas, facultades y academias de arte, y los maestros que imparten la materia, sujetos por las reglas del exigentísimo mundo Académico en el que se mueven, parecen haber olvidado lo que significa la experiencia personal, artesanal y poética del impulso original. Y los educandos, sumergidos en el dogmático mundo de la contemporaneidad, confusos frente a la balcanización de las artes y los estilos y obedientes a los marcos conceptuales de un ambiente internacionalista e hipermercantil que permea hasta el último resquicio de las artes, se muestran cada vez más sintonizados a los gustos y agendas de curadores, cada vez menos afectos a expresarse con sinceridad, con honestidad, con ganas de dialogar con el público laico. Este público laico constituido por nuestros familiares, por nuestros vecinos, por empleados y propietarios de pequeños negocios y prestadores de servicios. Taxistas y zapateros, vendedores y conductores de todo tipo de transportes… en fin, con gente de verdad.

Surgen además, ferias y encuentros de artistas e impresores de libros de artista, a los que se cuelan impresores, empastadores, distribuidores especializados y hasta editores de libros de arte, coffee table books.

 Nada de malo en lo que le ha pasado al libro de artista, se podría argumentar. Es simplemente que se enfrenta a una realidad absolutamente opuesta al impulso original, libertario, anárquico, azaroso y accidental que lo vio nacer.

 Tal vez por eso, tal vez porque no quiero sufrir con el ‘qué dirán’ de aquel ambiente enrarecido llamado ‘el mundo establecido del arte’, porque quiero seguir gozando a mis anchas le guste a quien le guste y a quien no también, tal vez por eso es que hoy, me he reducido a producir ejemplares únicos.

 Los invito a verlos en la exposición.

Anúncios
No comments yet

Deixe um comentário

Preencha os seus dados abaixo ou clique em um ícone para log in:

Logotipo do WordPress.com

Você está comentando utilizando sua conta WordPress.com. Sair / Alterar )

Imagem do Twitter

Você está comentando utilizando sua conta Twitter. Sair / Alterar )

Foto do Facebook

Você está comentando utilizando sua conta Facebook. Sair / Alterar )

Foto do Google+

Você está comentando utilizando sua conta Google+. Sair / Alterar )

Conectando a %s

%d blogueiros gostam disto: